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6 de agosto de 2011

El hijo del rabino


Se llama Ibn Al Rabin. Lo conocí en ese paraíso del comer y el  beber que es el festival de novela negra de Frontignan, donde entre vino blanco, ostras y mejillones a la brasa, el cómic tiene su merecido y justo protagonismo. Él era uno de los invitados de la edición de este año y nos esperábamos a alguien de aspecto tirando a moruno, claro. 

Pero resulta que Ibn Al Rabin (que Alá le dé muchos éxitos) es rubio y suizo, y ahora que lo pienso, su nombre va en la línea de sus historias, que juegan a la sorpresa y al despiste, a dar una vuelta de tuerca a objetos, a clichés y a situaciones cotidianas. La otra bandera de Ibn Al Rabin es la economía de medios. Blanco y negro, casi siempre, y trazo minimalista para historietas que se sostienen en la pasmosa expresividad de unos "monigotes" ultraesquemáticos. Simpleza absoluta para historias bastante retorcidas.
"Mamá es posesiva", 1ª parte


Éditions Atrabile acaba de publicar un volumen recopilando toda su trayectoria con el  título de Timides tentatives de finir tous nus (Tímidos intentos de acabar todos desnudos), toda una alegre declaración de principios de este polifacético, prolífico y atípico contador de historias.


10 de julio de 2011

El gran Blutch

El pequeño Christian (Norma Editorial, 2011) es un chaval que vive felizmente en esa patria de la infancia que parece eterna, habitada por los amigos del cole, las pelis de Estifmacuín, los tebeos y los caubois. En el mundo de Christian las niñas son un planeta muy, muy lejano y muy extraño, hasta que se enamora de una de ellas y comienza el inevitable principio del fin.  




Feliz descubrimiento el de Blutch, autor ya consagrado en Francia (Gran Premio de Angoulême 2009) y que me ha enamorado con esta divertidísima revisión de sus héroes infantiles y de su entrada en la pubertad. La última página del libro me parece un colofón brillante y uno de los mejores resúmenes jamás hechos sobre los últimos estertores de la infancia: un Christian borde y desmañado sube por las escaleras dándose ínfulas y contestando a su madre, pero en cuanto llega a su habitación corre a refugiarse en un tebeo de Mickey Mouse. Escondidos en un armario, el Pato Donald y otros excompinches guardan silencio, acojonados por el final que les espera. 



4 de junio de 2011

El Gran Mal


Ya había tenido la suerte de leer a David B. Cosas tan estupendas como La lectura de las ruinas o la serie Los caminos oscuros (Norma Editorial), álbumes a todo color que hablan de la guerra, de los fantasmas y de la locura desde la peculiar visión de su autor. Pero ay, amigos, La ascensión del gran mal es otra cosa, es pura emoción en blanco y negro. 

David B. se arma con su ejército de guerreros y fantasmas para contarnos una historia familiar, la suya, consistente en la ascensión de todos sus miembros a la montaña de la enfermedad,  la epilepsia  de Jean Christophe, el hermano mayor. El resultado es un libro vivo, donde cada viñeta es una batalla y cada página una guerra, con el dolor y la catarsis de su autor latiendo y respirando como un personaje más. ¿Me dejo algo? Sí, que es entretenido, sorprendente, desnudo, apabullante, épico y desgarrador. 

La edición integral, publicada en 2009 por Sins Entido, recopila los seis álbumes originales editados en Francia entre 1996 y 2003. El aluvión de premios y de reconocimientos ha situado a David B. en el olimpo de la novela gráfica, y no es para menos. Y si no, vayan a su librería de cabecera, abran una página cualquiera y juzguen ustedes mismos.